Primeros intentos independentistas en Canarias (I)
Ahora que en la prensa canaria seria y en muchos círculos de opinión del as islas, se habla y discute sin tapujos, por fin, de soberanía y a nadie le asusta que se nombren las cosas por su nombre, España es ya la metrópoli y Canarias es una colonia, colonia que tiende a convertirse en Nación libre y soberana, con puesto en las N.U.
No estaría de más desenvolver viejos documentos y decirle a nuestro pueblo y a muchos de nuestros políticos, que nuestros antepasados también lucharon por Canarias en su momento, aunque aún no había llegado para Canarias el momento histórico para realizar sus sueños de independencia. La etapa de la liberación de África aún no había sonado y esto ha hecho que sigamos colonizados. Claro que tampoco habían nacido las Naciones Unidas, para obligar a las metrópolis europeas a descolonizar, por eso Canarias es una de las últimas colonias de Europa y la última del viejo y caduco imperio español.
Los gobiernos españoles siempre han hecho lo posible para mantener en la ignorancia de nuestra propia historia al pueblo canario. No solo los propios gobiernos sino algunos medios de comunicación actuales de prensa netamente española en Canarias, radio y TV, por lo que creo que debemos hacer lo posible para informar a nuestro pueblo de los antecedentes de la larga lucha del Pueblo Canario por su liberación, desde hace siglos y a ver si los políticos de Coalición Canaria aprenden a mirar hacia la sede de las Naciones Unidas en Nueva York, y al Comité de Descolonización e incluso a Bruselas y no a la metrópoli, que allí no se les va a resolver nada ni a darle más limosnas. ¡Los tiempos han cambiado! Sepan que los primeros intentos independentistas documentados en Canarias nacen en la isla de Tenerife en 1827debido a la influencia que tuvieron las ideas liberales inglesas, las revolucionarias francesas, y las constituciones americana y francesa y también por los libros y conversaciones de negociantes, franceses, escoceses e ingleses que comerciaban con los puertos canarios. Hay también que tener en cuenta que las luchas de liberación contra España en toda América iban a tener repercusiones en esta colonia, ya que muchos canarios habían participado en ellas y derramado su sangre. También surge este sentimiento de liberación en Tenerife, en sus ateneos y tertulias, por estar situado en La Laguna el primer intento para establecer una universidad y por ser esta última, donde fueron derrotados estrepitosamente en la batalla de Acentejo, cuyo eco sigue aún sonando en todas las islas.
Yo recuerdo de pequeño cómo los viejos nos contaban los combates en las islas, de Doramas, de Tanausu, de Hupalupa, de Bencomo, de Tinguaro, de Bentor y de tantos héroes guanches que resistieron a los conquistadores. Aunque incipiente, flotaba en el ambiente un sentimiento de etnia, que en el futuro podría convertirse en un sentimiento nacional a pesar de que somos siete islas. Como es lógico, los gobiernos de la metrópoli hacían todo lo posible para apagar este sentimiento, al igual que lo hacían los partidos políticos españoles, tanto de derechas como de izquierdas. Ya en su día analizaremos el papel colaboracionista de la llamada izquierda canaria controlada por el PCE, contra el proceso de liberación a partir de 1960 hasta hoy en día. Pero antes, hemos de remontamos a los siglo 18 y 19 de nuestra historia para comprender este proceso a ver si los actuales políticos canario sen ejercicio, mal llamados nacionalistas, comprenden algo y saben aprovecharlo.
En el s. 18, la que llegaría a ser la primera Universidad Canaria, iba a servir de caldo de cultivo para que las ideas revolucionarias que habían surgido en Europa con las revoluciones liberales inglesas de 1642 y 1688 y que se estaban formando en la Francia del siglo XVIII y todo el movimiento liberal y antimonárquico europeo, arribasen a Canarias a través de los grandes veleros o de los correos de canarios que viajaban por Europa. No se vaya a creer que los canarios de aquellos tiempos eran analfabetos o tontos, como piensan en la metrópoli. Varios ejemplares de la Enciclopedia Francesa llegaron por los puertos canarios, especialmente a través de la isla de La Palma, donde existen aún hoy dos ejemplares de la primera edición, o por el puerto tinerfeño, donde en Tenerife existe un ejemplar de la misma edición. Libros de los conocidos libre pensadores franceses, Voltaire, Rousseau, Diderot, Lamark, D'Alambert y otros, comenzaron a ser leídos en las tertulias de las islas y especialmente en las de La Laguna, la Villa de la Orotava, en Santa Cruz de La Palma, Garachico y en la ciudad de Las Palmas, donde llegaban por los navíos que pasaban hacia América o traídos por algunos canarios que volvían de tierras europeas o americanas, donde se estaba desarrollando ese gran proceso cultural y político, que años más tarde cristalizaría en la Constitución norteamericana y en los levantamientos de las colonias contra España. En los archivos de la Inquisición en Canarias se puede ver el ahínco con que se perseguía a los afrancesados o a los extranjeros "gringos" -que quiere decir protestantes para los españoles, los cuales lo aplicaron después, antes de la independencia de Méjico, a los habitantes protestantes de E. Unidos-, y el temor que esas ideas llegaran al pueblo canario. Las ideas liberales y del siglo 18, las ideas de nación y libertad, tenían también amplias repercusiones en estas islas africanas a pesar de la losa colonial. Claro que los gobiernos españoles siempre habían hecho lo imposible por mantener al pueblo canario en la ignorancia y el oscurantismo, como hizo en América y hay pocos documentos de la época o han sido destruidos. En la metrópoli y Canarias, la llegada de Felipe V, el primer borbón francés y de cultura francesa, iba a facilitar el fin del oscurantismo, el cual otorgó la real cédula del 7 de octubre de 1742 por la cual se concedía "por ahora" la creación de una Universidad en el convento de los Padres Agustinos de La Laguna, sito en la calle de San Agustín. La real cédula vino a confirmar los constantes esfuerzos de los Padres Agustinos (San Agustín es un santo africano nacido en Tagueste-Argelia), quienes habían sido los únicos que se habían preocupado, desde el s. 16, por la educación de la gente en este archipiélago africano y que tenían ya gran experiencia de la enseñanza, puesto que la cátedra de gramática latina de La Laguna, establecida desde los años de 1539, dada por oposición, a nombre del ayuntamiento y dotada hasta con 100 ducados en 1717,estuvo muchos años en el convento de San Agustín. En efecto, las facultades que se abrieron en el citado año de 1744, que debemos considerar como el Año Uno de la Universidad lagunera, fueron las de Gramática, Lógica, Filosofía, Matemáticas, Teología, Medicina, Derecho Civil y Canónico. El haber conseguido la ciudad de Agüere la sede de la primera Universidad de Canarias, despertó inmediatamente los celos del Cabildo eclesiástico de Gran Canaria; al mismo tiempo, otra Orden eclesiástica, los dominicos, celosos del privilegio otorgado a los agustinos, y amigos del a pequeña burguesía que se estaba creando en Las Palmas -donde controlaban el Tribunal de la Inquisición-, y que ya estaba en contradicción con Tenerife, desplazaron a Madrid a sus agentes para echar por tierra a la primera Universidad de Canarias que iba a culturalizar a los futuros estudiantes canarios. Sus gestiones coincidieron con la entronización del nuevo y reaccionario rey español, Fernando VI. El resultado fue la real cédula del 4/12/1747 dada en el Buen Retiro, por la cual mandaba se suspendiese la Universidad de Canarias y que se erigiese, cómo no, en la ciudad de Las Palmas de Gran Canaria, un seminario eclesiástico (reales cédulas, libro VII, Oficio 2, fol. 177), que iba a fomentar el principio del pleito insular.
La historia de la Universidad lagunera es bastante complicada; el 11/3/1792, por influencia de ciertos canarios establecidos en Madrid y que mantenían sus contactos con los jesuitas que habían sido expulsados de España y sus colonias por Carlos III, logran que el indeciso rey Carlos IV, padre del que después fue Fernando VII, de triste memoria, expidiese un real decreto, por el cual mandaba establecer en la ciudad de Agüere, capital entonces de la isla de Tenerife, una Universidad Literaria o restringida y controlada, digo bien, Literaria, destinando para ello la casa-colegio de los expulsados jesuitas, dotándola con 4.000 ducados de pensión sobre la mitra de Canaria. Coincidió este decreto con que el obispado de Canaria estuviese ocupado por el mitrado español don Antonio Tavira y Almazán, quien se dejó influir por el Cabildo de Gran Canaria y por los comerciantes españoles y burgueses de dicha isla, que seguían opuestos a la creación de la Universidad lagunera.
Tuvo entonces que intervenir un ilustre lagunero, don Alonso de Nava y Grimón, para contrarrestar los manejos del obispo español Tavira, pero nada se pudo hacer de positivo puesto que detrás de todo estaban también los manejos de los amigos de los jesuitas. En 1816, Fernando VII, de vuelta del exilio francés, restablece a los jesuitas y dicta una cédula real que diese vida a la Universidad lagunera con la circunstancia precisa de haberse de entregar la Universidad a los jesuitas para que la dirigiesen y gobernasen. Por fin, la misma fue instalada en la ciudad de Agüere en el edificio que había sido colegio de los jesuitas, el día 12/1/1817, con gran indignación de los agustinos y de la intelectualidad liberal de Agüere, que no admitían los manejos de los jesuitas y preferían a los agustinos a los que ya conocían y apreciaban y no se metían en política. El doctor don Isidoro Rivero Peraza y Ayala, mi pariente, tío de mi tatarabuela, natural de Tacoronte, canónigo de la iglesia catedral de Tenerife también tuvo que ver con la Universidad; el mismo fue designado ' junto con otros doctores para enseñar en la Universidad. Don Isidoro, cura liberal, afrancesado -acusado de masón-, y que formaba parte del grupo de los doceañistas o partidario de la Constitución de 1812, no tenía ninguna simpatía por los españoles ni por los jesuitas e insistió en que se crearan las cátedras de Humanidades, Matemáticas y Lógica, por lo que el 27 de enero de 1817 se acordó fijar edictos anunciando la apertura de dichas cátedras. Posteriormente, en el curso comenzado en octubre de 1818, ya fue preciso establece runa nueva cátedra de Física experimental paral os que habían concluido los cursos de Lógica y Matemáticas, y nombrando para ella al doctor Saviñón y para la de Matemáticas a don Domingo Bello Lenard.
Por desgracia para los alumnos, la segunda Universidad salida de la Real Cédula del 10/11/1816, no fue un modelo de enseñanza moderna de la que enorgullecerse. En el nuevo establecimiento se dio demasiada importancia a los usos escolásticos del siglo XIII, a pesar de los esfuerzos de mi tío, el canónigo don Isidoro Rivero Peraza de Ayala, y de don José Deza Goyri.
Para más detalles sobre la historia de la Universidad, leer en la Revista Semanal de este periódico, "La Prensa", del sábado 23 de septiembre de 2006, mi artículo titulado "La fecha de la supuesta fundación de la Universidad de La Laguna, Canarias". No hay que olvidar que, en tiempos del rey Fernando VII, quizá el peor rey que ha tenido España, junto con Felipe II, el cual restableció la odiada Inquisición, la Gaceta de Madrid, del 3 de mayo de 1927, publicaba esta vergonzosa frase: " Lejos de nosotros la peligrosa novedad de discurrir ". Por decreto 1/10/1823, Fernando VII, anuló el sistema constitucional, apoyado por las Cien mil bayonetas de San Luis, enviadas por el Borbón francés Luis XVIII, quien sustituyó a Napoleón después de Waterloo, acabando con las libertades y derechos que había instaurado la Constitución de Cádiz de 1812. Ayudado por la expedición francesa, Fernando VII acaba deteniendo y ejecutando al constitucionalista Mariscal Riego, que se había sublevado contra el envío de tropas españolas para combatir a Bolívar; dando principio a una era de oscurantismo, de imperio eclesiástico y de jesuitismo. Como era lógico, el rey absolutista español no podía permitir que aquí en las colonias existiese una Universidad como la de La Laguna, a pesar de estar incluso gobernada por los jesuitas, por eso, el 4 de diciembre de 1823 (día en que ya se había suprimido en 1747 la primera Universidad canaria), los comisionados regios en Tenerife, cerraron la Segunda Universidad de Canarias, porque decían que en ella, y a pesar de los jesuitas, se habían difundido entre los alumnos las ideas liberales inglesas y de la Revolución Francesa y difundido las ideas de libertad y de independencia que venían de toda América. No olvidemos que el primer grito de la independencia de América, mucho antes que Francisco de Miranda, Bolívar, nieto de una canaria de Garachico, o el cura Hidalgo, o Artigas, hijo de una lagunera, etc., lo dio un canario natural de la isla del Hierro, Francisco de León, antes que Bolívar en Venezuela, a quien en la propia Canarias se le desconoce y no aparece nunca en los libros de Historia de Canarias, que controla Madrid. También el precursor de Venezuela, Francisco de Miranda, descendía de una familia del Puerto de la Cruz. (¡Me gustaría saber si los políticos de Coalición Canaria saben algo de esto!)
Influyó también en el cierre de la Universidad el hecho de que el canónigo don Isidoro Rivero Peraza de Ayala fuera acusado por el Juzgado de La Orotava de haber preparado un Movimiento por la Independencia de las Islas Canarias junto con don Francisco de Lugo y Viña, don Antonio Monteverde, don Pedro Benítez, don Miguel García, don Ignacio y don Fernando Llarena, todos ellos de la Villa de La Orotava, don Miguel Yanes, del Realejo, don Fernando del Hoyo, don Juan Botas, el provisor don José Martinón, don Juan Tabares de Roo, grana migo del canónigo Rivero, el juez de primera instancia deL a Laguna, don josé Antonio Morales, todos del a ciudad lagunera, don Francisco Guerra, de Añaza, y muchos otros más, pues incluso habían conocido personajes de otras islas, a quienes el obispo deL a Laguna acusaba de estar en “cercanías del a rebelión”.
A este respecto tengo que señalar que el 15 de agosto de 1827, el embajador de España en Londres, conde Alcudia, comunicaba al gobierno de Madrid: “estar en posesión de informes fidedignos de que en aquellas islas (refiriéndose a las Canarias) se hallan en muy mala disposición en cuanto al espíritu público de los habitantes en general, y que los revolucionarios que trabajan con infernal ahínco en su seno, y desgraciadamente con cierto fruto, de acuerdo con los de otros puntos, tienen todo tan bien preparado, que el día que lo crean oportuno, y quizás antes de ser prevenidos, proclamarán la Independencia de dichas islas".
Nota: para confirmar esto, véase: (Archivo de Simancas, Estado 8191, fol. 85) y (Historia de las Islas Canarias 1776-1868 de Francisco María de León, Ed. Aula de Cultura de Tenerife 1966, pag. 189 y 207). El obispo de Tenerife don Luis Folgueras Sión, acérrimo defensor del oscurantismo y responsable de los innumerables informes al gobierno de la metrópoli, anunciando que aquí habían o se preparaban diferentes rebeliones y movimientos independentistas en Canarias, logró que viniese urgentemente a nuestro Archipiélago el Regimiento de Infantería de Albuera, Séptimo Ligero con base en Ceuta, el cual llegó a esta isla el 11 de marzo de 1827 completamente municionados y en plan de guerra de conquista, al mando del teniente coronel mayor don Miguel Peirson, para acabar con los inicios del Primer Movimiento Independentista de Canarias. Entonces comienza toda una serie de presiones y ataques contra los representantes de la incipiente burguesía tinerfeña que había entrado en contacto con los ingleses y con las repúblicas americanas liberadas. Había que acabar rápidamente con este movimiento independentista incipiente y con la influencia de la ideas de la revolución francesa y de los Estados Unidos. Entre bastidores circulaba en Canarias, especialmente en las islas de La Palma y Tenerife, ejemplares de las constituciones americanas, francesas y de las Repúblicas americanas y esto era muy peligroso para la metrópoli.
El 18/12/1830 fue cerrada definitivamente la segunda Universidad Canaria por el reaccionario rey español que ordenaba que se cerrasen todas las universidades y colegios de España y sus colonias de ultramar, con gran contento de los comisionados regios y del obispo español Folgueras. Tras la enfermedad del rey absolutista español Femando VII en 1832, quien tenía la costumbre de decir: "España es una botella de cerveza y yo soy el tapón. Si yo salto, Dios sabe dónde iría a derramarse el líquido", y que ordenó el ajusticiamiento por estrangulamiento de la joven María de Pineda en una plaza pública por haber bordado en el estandarte violeta de Castilla, que representaba las antiguas libertades perdidas, (las palabras Ley, Libertad e Igualdad), la regencia del reino cayó en manos de María Cristina de Borbón Sicilia, madre de la futura Isabel II. Para hacer olvidar el sistema obscurantista y clerical de Fernando VII, dio una serie de órdenes y decretos, uno de ellos restableciendo la enseñanza pública, las universidades y establecimientos literarios de España y colonias de Ultramar. Así, la Segunda Universidad de La Laguna verificó su nueva apertura de curso el primero de noviembre de 1834, a pesar de la oposición del obispado de Tenerife y gracias a los esfuerzos del nuevo deán de la catedral de La Laguna, el doctor don Isidoro Rivero Peraza de Ayala, quien fue nombrado primer rector.»
Antonio Cubillo Ferreira



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