Canarias Libre al día - Información e Independencia: Primeros intentos independentistas en Canarias (I) Primeros intentos independentistas en Canarias (I) ================================================================================ CL on 31 March, 2008 11:27:00 Ahora que en la prensa canaria seria y en muchos círculos de opinión del as islas, se habla y discute sin tapujos, por fin, de soberanía y a nadie le asusta que se nombren las cosas por su nombre, España es ya la metrópoli y Canarias es una colonia, colonia que tiende a convertirse en Nación libre y soberana, con puesto en las N.U. No estaría de más desenvolver viejos documentos y decirle a nuestro pueblo y a muchos de nuestros políticos, que nuestros antepasados también lucharon por Canarias en su momento, aunque aún no había llegado para Canarias el momento histórico para realizar sus sueños de independencia. La etapa de la liberación de África aún no había sonado y esto ha hecho que sigamos colonizados. Claro que tampoco habían nacido las Naciones Unidas, para obligar a las metrópolis europeas a descolonizar, por eso Canarias es una de las últimas colonias de Europa y la última del viejo y caduco imperio español. Los gobiernos españoles siempre han hecho lo posible para mantener en la ignorancia de nuestra propia histo­ria al pueblo canario. No solo los pro­pios gobiernos sino algunos medios de comunicación actuales de prensa netamente española en Canarias, radio y TV, por lo que creo que debemos hacer lo posible para informar a nuestro pueblo de los antecedentes de la larga lucha del Pueblo Canario por su liberación, desde hace siglos y a ver si los políticos de Coalición Canaria aprenden a mirar hacia la sede de las Naciones Unidas en Nueva York, y al Comité de Descolonización e incluso a Bruselas y no a la metrópoli, que allí no se les va a resolver nada ni a darle más limosnas. ¡Los tiempos han cam­biado! Sepan que los primeros intentos independentistas documentados en Canarias nacen en la isla de Tenerife en 1827debido a la influencia que tuvieron las ideas liberales inglesas, las revolucionarias francesas, y las constituciones americana y francesa y también por los libros y conversacio­nes de negociantes, franceses, escoceses e ingleses que comerciaban con los puertos canarios. Hay también que tener en cuenta que las luchas de libe­ración contra España en toda América iban a tener repercusiones en esta colo­nia, ya que muchos canarios habían participado en ellas y derramado su sangre. También surge este senti­miento de liberación en Tenerife, en sus ateneos y tertulias, por estar situado en La Laguna el primer intento para establecer una universi­dad y por ser esta última, donde fue­ron derrotados estrepitosamente en la batalla de Acentejo, cuyo eco sigue aún sonando en todas las islas. Yo recuerdo de pequeño cómo los viejos nos contaban los combates en las islas, de Doramas, de Tanausu, de Hupalupa, de Bencomo, de Tinguaro, de Bentor y de tantos héroes guanches que resistieron a los conquistadores. Aunque incipiente, flotaba en el ambiente un sentimiento de etnia, que en el futuro podría convertirse en un sentimiento nacional a pesar de que somos siete islas. Como es lógico, los gobiernos de la metrópoli hacían todo lo posible para apagar este sen­timiento, al igual que lo hacían los par­tidos políticos españoles, tanto de derechas como de izquierdas. Ya en su día analizaremos el papel colabora­cionista de la llamada izquierda cana­ria controlada por el PCE, contra el proceso de liberación a partir de 1960 hasta hoy en día. Pero antes, hemos de remontamos a los siglo 18 y 19 de nuestra historia para comprender este proceso a ver si los actuales políticos canario sen ejercicio, mal llamados nacionalistas, comprenden algo y saben aprovecharlo. En el s. 18, la que llegaría a ser la primera Universidad Canaria, iba a servir de caldo de cultivo para que las ideas revolucionarias que habían surgido en Europa con las revolucio­nes liberales inglesas de 1642 y 1688 y que se estaban formando en la Fran­cia del siglo XVIII y todo el movi­miento liberal y antimonárquico euro­peo, arribasen a Canarias a través de los grandes veleros o de los correos de canarios que viajaban por Europa. No se vaya a creer que los canarios de aquellos tiempos eran analfabetos o tontos, como piensan en la metrópoli. Varios ejemplares de la Enciclo­pedia Francesa llegaron por los puer­tos canarios, especialmente a través de la isla de La Palma, donde existen aún hoy dos ejemplares de la primera edición, o por el puerto tinerfeño, donde en Tenerife existe un ejemplar de la misma edición. Libros de los conoci­dos libre pensadores franceses, Voltaire, Rousseau, Diderot, Lamark, D'Alambert y otros, comenzaron a ser leídos en las tertulias de las islas y especialmente en las de La Laguna, la Villa de la Orotava, en Santa Cruz de La Palma, Garachico y en la ciudad de Las Palmas, donde llegaban por los navíos que pasaban hacia América o traídos por algunos canarios que vol­vían de tierras europeas o americanas, donde se estaba desarrollando ese gran proceso cultural y político, que años más tarde cristalizaría en la Consti­tución norteamericana y en los levan­tamientos de las colonias contra España. En los archivos de la Inqui­sición en Canarias se puede ver el ahínco con que se perseguía a los afrancesados o a los extranjeros "grin­gos" -que quiere decir protestantes para los españoles, los cuales lo aplicaron después, antes de la indepen­dencia de Méjico, a los habitantes pro­testantes de E. Unidos-, y el temor que esas ideas llegaran al pueblo canario. Las ideas liberales y del siglo 18, las ideas de nación y libertad, tenían también amplias repercusiones en estas islas africanas a pesar de la losa colonial. Claro que los gobiernos españoles siempre habían hecho lo imposible por mantener al pueblo canario en la ignorancia y el oscu­rantismo, como hizo en América y hay pocos documentos de la época o han sido destruidos. En la metrópoli y Canarias, la llegada de Felipe V, el pri­mer borbón francés y de cultura fran­cesa, iba a facilitar el fin del oscu­rantismo, el cual otorgó la real cédula del 7 de octubre de 1742 por la cual se concedía "por ahora" la creación de una Universidad en el convento de los Padres Agustinos de La Laguna, sito en la calle de San Agustín. La real cédula vino a confirmar los constan­tes esfuerzos de los Padres Agustinos (San Agustín es un santo africano nacido en Tagueste-Argelia), quienes habían sido los únicos que se habían preocupado, desde el s. 16, por la edu­cación de la gente en este archipiélago africano y que tenían ya gran expe­riencia de la enseñanza, puesto que la cátedra de gramática latina de La Laguna, establecida desde los años de 1539, dada por oposición, a nombre del ayuntamiento y dotada hasta con 100 ducados en 1717,estuvo muchos años en el convento de San Agustín. En efecto, las facultades que se abrieron en el citado año de 1744, que debemos considerar como el Año Uno de la Universidad lagunera, fueron las de Gramática, Lógica, Filosofía, Mate­máticas, Teología, Medicina, Derecho Civil y Canónico. El haber conseguido la ciudad de Agüere la sede de la pri­mera Universidad de Canarias, despertó inmediatamente los celos del Cabildo eclesiástico de Gran Canaria; al mismo tiempo, otra Orden eclesiástica, los dominicos, celosos del privilegio otorgado a los agustinos, y amigos del a pequeña burguesía que se estaba creando en Las Palmas -donde controlaban el Tribunal de la Inquisición-, y que ya estaba en con­tradicción con Tenerife, desplazaron a Madrid a sus agentes para echar por tierra a la primera Universidad de Canarias que iba a culturalizar a los futuros estudiantes canarios. Sus ges­tiones coincidieron con la entroniza­ción del nuevo y reaccionario rey espa­ñol, Fernando VI. El resultado fue la real cédula del 4/12/1747 dada en el Buen Retiro, por la cual mandaba se suspendiese la Universidad de Cana­rias y que se erigiese, cómo no, en la ciudad de Las Palmas de Gran Canaria, un seminario eclesiástico (reales cédulas, libro VII, Oficio 2, fol. 177), que iba a fomentar el principio del pleito insu­lar. La historia de la Universidad lagu­nera es bastante complicada; el 11/3/1792, por influencia de ciertos canarios establecidos en Madrid y que mantenían sus contactos con los jesui­tas que habían sido expulsados de España y sus colonias por Carlos III, logran que el indeciso rey Carlos IV, padre del que después fue Fernando VII, de triste memoria, expidiese un real decreto, por el cual mandaba esta­blecer en la ciudad de Agüere, capi­tal entonces de la isla de Tenerife, una Universidad Literaria o restringida y controlada, digo bien, Literaria, destinando para ello la casa-colegio de los expulsados jesuitas, dotándola con 4.000 ducados de pensión sobre la mitra de Canaria. Coincidió este decreto con que el obispado de Cana­ria estuviese ocupado por el mitrado español don Antonio Tavira y Almazán, quien se dejó influir por el Cabildo de Gran Canaria y por los comerciantes españoles y burgueses de dicha isla, que seguían opuestos a la creación de la Universidad lagunera. Tuvo entonces que intervenir un ilustre lagunero, don Alonso de Nava y Grimón, para contrarrestar los manejos del obispo español Tavira, pero nada se pudo hacer de positivo puesto que detrás de todo estaban también los manejos de los amigos de los jesuitas. En 1816, Fernando VII, de vuelta del exilio francés, restablece a los jesuitas y dicta una cédula real que diese vida a la Universidad lagunera con la circunstancia precisa de haberse de entregar la Universidad a los jesuitas para que la dirigiesen y gobernasen. Por fin, la misma fue ins­talada en la ciudad de Agüere en el edi­ficio que había sido colegio de los jesuitas, el día 12/1/1817, con gran indignación de los agustinos y de la intelectualidad liberal de Agüere, que no admitían los manejos de los jesui­tas y preferían a los agustinos a los que ya conocían y apreciaban y no se metían en política. El doctor don Isidoro Rivero Peraza y Ayala, mi pariente, tío de mi tatarabuela, natural de Tacoronte, canónigo de la iglesia catedral de Tenerife también tuvo que ver con la Universidad; el mismo fue designado ' junto con otros doctores para enseñar en la Universidad. Don Isidoro, cura liberal, afrancesado -acusado de masón-, y que formaba parte del grupo de los doceañistas o partidario de la Constitución de 1812, no tenía ninguna simpatía por los españoles ni por los jesuitas e insistió en que se crearan las cátedras de Humanidades, Matemáticas y Lógica, por lo que el 27 de enero de 1817 se acordó fijar edictos anunciando la apertura de dichas cátedras. Posteriormente, en el curso comenzado en octubre de 1818, ya fue preciso establece runa nueva cátedra de Física experimental paral os que habían concluido los cursos de Lógica y Matemáticas, y nombrando para ella al doctor Saviñón y para la de Matemáticas a don Domingo Bello Lenard. Por desgracia para los alumnos, la segunda Universidad salida de la Real Cédula del 10/11/1816, no fue un modelo de enseñanza moderna de la que enorgullecerse. En el nuevo esta­blecimiento se dio demasiada importancia a los usos escolásticos del siglo XIII, a pesar de los esfuerzos de mi tío, el canónigo don Isidoro Rivero Peraza de Ayala, y de don José Deza Goyri. Para más detalles sobre la historia de la Universidad, leer en la Revista Semanal de este periódico, "La Prensa", del sábado 23 de septiem­bre de 2006, mi artículo titulado "La fecha de la supuesta fundación de la Universidad de La Laguna, Canarias". No hay que olvidar que, en tiem­pos del rey Fernando VII, quizá el peor rey que ha tenido España, junto con Felipe II, el cual restableció la odiada Inquisición, la Gaceta de Madrid, del 3 de mayo de 1927, publicaba esta ver­gonzosa frase: " Lejos de nosotros la peligrosa novedad de discurrir ". Por decreto 1/10/1823, Fernando VII, anuló el sistema constitucional, apoyado por las Cien mil bayonetas de San Luis, enviadas por el Borbón francés Luis XVIII, quien sustituyó a Napoleón después de Waterloo, acabando con las libertades y derechos que había instaurado la Constitución de Cádiz de 1812. Ayudado por la expedición francesa, Fernando VII acaba deteniendo y ejecutando al constitucionalista Mariscal Riego, que se había sublevado contra el envío de tro­pas españolas para combatir a Bolívar; dando principio a una era de oscu­rantismo, de imperio eclesiástico y de jesuitismo. Como era lógico, el rey absolutista español no podía permitir que aquí en las colonias existiese una Universidad como la de La Laguna, a pesar de estar incluso gobernada por los jesuitas, por eso, el 4 de diciem­bre de 1823 (día en que ya se había suprimido en 1747 la primera Uni­versidad canaria), los comisionados regios en Tenerife, cerraron la Segunda Universidad de Canarias, porque decían que en ella, y a pesar de los jesuitas, se habían difundido entre los alumnos las ideas liberales inglesas y de la Revolución Francesa y difundido las ideas de libertad y de indepen­dencia que venían de toda América. No olvidemos que el primer grito de la independencia de América, mucho antes que Francisco de Miranda, Bolívar, nieto de una canaria de Garachico, o el cura Hidalgo, o Arti­gas, hijo de una lagunera, etc., lo dio un canario natural de la isla del Hie­rro, Francisco de León, antes que Bolí­var en Venezuela, a quien en la pro­pia Canarias se le desconoce y no apa­rece nunca en los libros de Historia de Canarias, que controla Madrid. Tam­bién el precursor de Venezuela, Fran­cisco de Miranda, descendía de una familia del Puerto de la Cruz. (¡Me gustaría saber si los políticos de Coa­lición Canaria saben algo de esto!) Influyó también en el cierre de la Universidad el hecho de que el canó­nigo don Isidoro Rivero Peraza de Ayala fuera acusado por el Juzgado de La Orotava de haber preparado un Movimiento por la Independencia de las Islas Canarias junto con don Francisco de Lugo y Viña, don Anto­nio Monteverde, don Pedro Benítez, don Miguel García, don Ignacio y don Fernando Llarena, todos ellos de la Villa de La Orotava, don Miguel Yanes, del Realejo, don Fernando del Hoyo, don Juan Botas, el provisor don José Martinón, don Juan Tabares de Roo, grana migo del canónigo Rivero, el juez de primera instancia deL a Laguna, don josé Antonio Morales, todos del a ciudad lagunera, don Francisco Guerra, de Añaza, y muchos otros más, pues incluso habían conocido personajes de otras islas, a quienes el obispo deL a Laguna acusaba de estar en “cercanías del a rebelión”. A este respecto tengo que señalar que el 15 de agosto de 1827, el embajador de España en Londres, conde Alcudia, comunicaba al gobierno de Madrid: “estar en posesión de informes fidedignos de que en aquellas islas (refiriéndose a las Canarias) se hallan en muy mala disposición en cuanto al espíritu público de los habitantes en general, y que los revolucionarios que trabajan con infernal ahínco en su seno, y desgraciadamente con cierto fruto, de acuerdo con los de otros pun­tos, tienen todo tan bien preparado, que el día que lo crean oportuno, y qui­zás antes de ser prevenidos, procla­marán la Independencia de dichas islas". Nota: para confirmar esto, véase: (Archivo de Simancas, Estado 8191, fol. 85) y (Historia de las Islas Canarias 1776-1868 de Francisco María de León, Ed. Aula de Cultura de Tenerife 1966, pag. 189 y 207). El obispo de Tenerife don Luis Folgueras Sión, acérrimo defensor del oscurantismo y responsable de los innumerables informes al gobierno de la metrópoli, anunciando que aquí habían o se preparaban diferentes rebe­liones y movimientos independentistas en Canarias, logró que viniese urgentemente a nuestro Archipiélago el Regimiento de Infantería de Albuera, Séptimo Ligero con base en Ceuta, el cual llegó a esta isla el 11 de marzo de 1827 completamente municionados y en plan de guerra de conquista, al mando del teniente coronel mayor don Miguel Peirson, para acabar con los inicios del Primer Movimiento Independentista de Cana­rias. Entonces comienza toda una serie de presiones y ataques contra los representantes de la incipiente bur­guesía tinerfeña que había entrado en contacto con los ingleses y con las repúblicas americanas liberadas. Había que acabar rápidamente con este movimiento independentista inci­piente y con la influencia de la ideas de la revolución francesa y de los Esta­dos Unidos. Entre bastidores circulaba en Canarias, especialmente en las islas de La Palma y Tenerife, ejemplares de las constituciones americanas, fran­cesas y de las Repúblicas americanas y esto era muy peligroso para la metró­poli. El 18/12/1830 fue cerrada definiti­vamente la segunda Universidad Canaria por el reaccionario rey espa­ñol que ordenaba que se cerrasen todas las universidades y colegios de España y sus colonias de ultramar, con gran contento de los comisionados regios y del obispo español Folgueras. Tras la enfermedad del rey absolutista espa­ñol Femando VII en 1832, quien tenía la costumbre de decir: "España es una botella de cerveza y yo soy el tapón. Si yo salto, Dios sabe dónde iría a derramarse el líquido", y que ordenó el ajusticiamiento por estrangulamiento de la joven María de Pineda en una plaza pública por haber bor­dado en el estandarte violeta de Cas­tilla, que representaba las antiguas libertades perdidas, (las palabras Ley, Libertad e Igualdad), la regencia del reino cayó en manos de María Cris­tina de Borbón Sicilia, madre de la futura Isabel II. Para hacer olvidar el sistema obscurantista y clerical de Fer­nando VII, dio una serie de órdenes y decretos, uno de ellos restableciendo la enseñanza pública, las universida­des y establecimientos literarios de España y colonias de Ultramar. Así, la Segunda Universidad de La Laguna verificó su nueva apertura de curso el primero de noviembre de 1834, a pesar de la oposición del obispado de Tene­rife y gracias a los esfuerzos del nuevo deán de la catedral de La Laguna, el doctor don Isidoro Rivero Peraza de Ayala, quien fue nombrado primer rec­tor.» Antonio Cubillo Ferreira